Diego García

diegodfgo@yahoo.es

Diego

blog

Diego García

diegodfgo@yahoo.es

Tu blog

Diego García

Diego García

diegodfgo@yahoo.es

sábado, 20 de enero de 2018

¿Por quién doblan las campanas?




Opinión de José Luís Nunes Martins




Y siempre que doblan las campanas, doblan y nos llaman, llaman bien alto a mí y a ti… Para que nos acordemos de vivir antes que otras campanas doblen por nosotros.

Las campanas doblan por los que supieron vivir y por los que desperdician la vida pensando que no morirán.

Doblan por los que creyeron en la vida eterna y por los que creyeron que la vida es solo un momento.


Las campanas doblan por los que tuvieron y fueron una familia, y por todos los que pasaron la vida buscando tener una donde pudiesen ser.


Doblan por los que, desde la cuna al túmulo, siempre se levantaron, y por los que andan a rastras por las horas de sus días y de sus noches.


Las campanas doblan en el otoño y en la primavera, cuando las hojas caen y cuando las flores se abren a la luz.


Doblan por aquellos por quienes lloraremos su ausencia y por lo aquellos que no dejaron señales en el corazón de nadie.


Las campanas lloran y nos llaman. Hacen estremecer nuestros silencios y nos colocan ante  la verdad.


Doblan por los que amaron y por los que nunca fueron amados. Por los que triunfaron y por los que fueron despreciados.

Las campanas doblan en la brisa suave que traen pedazos de memoria de los que se fueron lejos, pero quedaron en el fondo de nosotros.


Doblan a todas las horas porque cualquier tiempo es tiempo de llegada… y de partir.

Las campanas lloran siempre que alguien pierde o gana su vida.

Doblan…


Y siempre que las campanas doblan, doblan y nos llaman, bien alto, a mí y a ti.


                                                          ilustração: Carlos Ribeiro


sábado, 13 de enero de 2018

Somos una 'opera prima' en construcción




Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS


Somos lo que hemos procurado ser, pero somos también el resto. Somos el punto en que aún estamos y el que hemos ido haciendo hasta aquí, tanto bueno como malo.

No somos lo que pensamos que somos. Los héroes y los cobardes no acostumbran a tener conciencia de lo que son. Otros son ambas cosas en aspectos diferentes de la vida y tendrán idea de ser siempre solo una.

A pesar de todo, lo que pensamos sobre nosotros es mucho más importante que lo que los otros piensan.

Somos lo que hemos procurado ser, pero somos además el resto. Somos el punto en que aún estamos y el que hemos ido haciendo hasta aquí, de bueno y de malo.

No somos lo que los otros ven, ni la opinión que forman respecto a nosotros. No somos nuestros secretos y misterios, somos nuestras obras y nuestras elecciones. Nuestros valores que ponemos en práctica. Hay quien pierde mucho tiempo mirándose a sí mismo y no ve estas evidencias.

Somos cuando nos damos. El que se atreve a amar y vencer el egoísmo y el orgullo que corroe a todos aquellos que creen que es recibiendo como se hacen más ricos, es feliz y tiene paz, aún cuando las circunstancias no están a su favor.

El interior acaba por reflejarse en el exterior, puede pasar tiempo, a veces años. De la misma forma que cambiamos a lo largo de los años, las personas tienden, con el tiempo, a revelarse como son. Al final, el interior es la raíz y la fuerza que anima el exterior. Por más que se intente disimular, acaba por manifestarse.

Un buen camino para conocernos es cuando alguien evalúa lo que ama y lo que le irrita.

Lo que somos no está en el fondo de nosotros mismos, no llegamos al conocimiento de nuestra identidad a través de una contemplación interior. Lo que somos está en nuestro desplazamiento al fondo del otro, en la intensidad y en la verdad que colocamos cada vez que nos damos.

Habrá siempre un día en que todos los contornos de nuestra verdad más auténtica aparezcan, de forma mucho más clara, ante nuestros ojos. Para unos será un excelente momento, para otros no.
                                                                Ilustración Carlos Ribeiro



 

sábado, 30 de diciembre de 2017

LA ADORACIÓN






Pablo Garrido Sánchez



El hombre postrado ante DIOS define la adoración. La postración interior de la adoración es el resultado de la admiración por lo revelado. DIOS realiza acciones pedagógicas con nosotros y sabe la forma de hacerse entender. La Biblia está llena de modelos de encuentro con DIOS, en los que su iniciativa conduce a Abraham, a Isaac o a Jacob a reconocerlo como su DIOS único al que deben culto de adoración. La lista de personas alcanzadas por la acción amorosa de DIOS puede ampliarse en la Biblia con profusión, así continuamos con Moisés, Josué, Gedeón, Judit, Rut, o Ester; Elías o Samuel ,Isaías o el autor sagrado del libro de la Sabiduría; los Magos de Oriente o los pastores de Belén. Todos ellos son guiados y se acompañan de una constelación de personas atraídas por el oculto imán de la presencia de DIOS en el corazón de estos discípulos de DIOS.



Jacob, por orden de su padre, sale de la casa paterna en Canaán para dirigirse a la tierra de Jarán, a casa de Labán su pariente, con el fin de buscar esposa. Jacob recibe la bendición paterna y se pone en camino. Al anochecer se dispone a dormir apoyado en una piedra, que le sirve de almohada y se le concede el sueño de la escala de Ángeles que ascienden y descienden desde el trono de YAHVEH hasta la tierra Cf. Gn28 . Al despertar, Jacob, reconoce aquel lugar como un espacio sagrado y unge la piedra en la que se le ha revelado DIOS mediante el sueño. Jacob establece un compromiso de fidelidad ante aquella revelación divina y por la comprobación de la providencia en los acontecimientos que estaban por venir. El cielo se abrió para mostrar algo de su verdad y misterio; y los Ángeles manifestaron también algo de su misión. Dios en su trascendencia puede asistirse de sus intermediarios, que siempre son los bienaventurados, santos o Ángeles.



El cielo se rasgó con la Encarnación del VERBO  y su nacimiento. Los Ángeles tienen una  función prioritaria en este mundo ordenada por el PADRE, y consiste en la adoración del VERBO, JESÚS, nacido de MARÍA: “Adórenle todos los Ángeles de  DIOS” (Cf. Hb 1, 6 ). Cualquier otra tarea para el Ángel distinta de la adoración del VERBO encarnado, es secundaria; y los Ángeles tienen abundantes misiones entre nosotros, pero no pierden de continuo la contemplación de DIOS  mismo (Cf. Mt 18, 10) en todo lo que ÉL es de trascendente e inmanente(interior a la creación), de Humano, en JESÚS de Nazaret, y de divino en su condición de VERBO consustancial al PADRE (Cf Jn 1,1).



La Biblia nos refleja una imagen de los Ángeles de una envergadura espiritual que sobrepasa esa imagen infantil de angelitos rechonchos con alas en la espalda (Cf Ju 13, 6 ; Ap 10, 1ss).



La Navidad es un tiempo entrañable para  vivir la adoración además de corresponder con todos aquellos compromisos familiares y sociales. Por lo menos durante unos días en el año adoptamos unas actitudes más fraternas que nunca vienen mal. Pero, además, deberíamos pedir al SEÑOR que acreciente en nuestros corazones el don de la adoración en ESPÍRITU y Verdad (Cf Jn 4, 23).




Historia de una Navidad diferente





La Navidad, en su versión comercial, es una historia muy sentimental, llena de paz, de amor y angelitos rechonchos, tocando el arpa y cantando hosannas. Pero no fue así hace 2017 años…

Cuando oímos hablar de Navidad, se nos cuenta siempre la misma historia romántica. Se habla de Jesús bebé y del matrimonio maravilloso, María y José. Se mencionan la vaquilla y el burrito, con diminutivos que hacen aún más tierna la escena. Los misteriosos Magos, venidos de Oriente, dan una nota de fantasía, digna de una mega producción de Disney, en cuanto a la adoración de los pastores introduce una nota ecológica, políticamente muy correcta, pues funde en el mismo amor el culto a Dios niño y a la devoción por la naturaleza.

Esta es, por así decir, la versión comercial de la Navidad: una historia sentimental, llena de paz, de amor y de angelitos rechonchos, tocando el arpa y cantando hosannas. Pero esta no es toda la historia que aconteció hace aproximadamente 2017 años…

De hecho, cuando Herodes supo del nacimiento del Rey de los Judíos, título Mesiánico al que era inherente a la realeza de Israel, decidió eliminar al usurpador. Al no saber su paradero, mandó matar a todos los recién nacidos en Belén de Judá. Jesús no pereció porque antes huyó, con María y José, a Egipto, donde permanecieron algún tiempo. Pero hubo niños que fueron asesinados en esa ocasión y, como murieron por Cristo, la Iglesia los venera como mártires.

No se sabe con certeza el número de víctimas de la furia asesina del tirano, pero se puede creer que fueron bastantes: casi todos los que habían nacido en Belén, en aquellos dos últimos años. José y María solo salvaron a Jesús, porque no sabían, ni pudieron prever, la matanza de los santos inocentes. La horrible muerte de aquellos niños tiñó, con sangre infantil, el misterio de la Navidad.

También ahora, la Navidad tiene una vertiente dramática, muchas veces ocultada en estos días de fiesta. El Evangelio, citando palabras de Jesús en la inminencia de su Pasión y muerte en la cruz, habla de la alegría del nacimiento de un niño: “La mujer, cuando está para dar a luz, siente tristeza, porque llegó su hora; pero, cuando da a luz un hijo, ya no se acuerda de su aflicción, con la alegría de haber traído un hombre al mundo” (Jn 17,21). ¿¡Pero, qué sucede cuando esa criatura no está sana y sin defecto!?

El hedonismo moderno se ha apropiado del odio de Herodes y, todos los años, siega la vida de millares de niños deficientes. Hay países en los que esos bebés ya no nacen, porque su muerte es provocada anticipadamente, por vía del llamado aborto terapéutico. En las naciones en que se ha aprobada la eutanasia, también se practica la eliminación selectiva de los recién nacidos con mal formaciones. Tal vez aquellos que, en un momento de desesperación, deciden poner término a la vida inocente de un niño discapacitado, antes o después de su nacimiento, tengan algún atenuante, no obstante la gravedad de ese acto homicida. Pero los padres que, conscientes de las anomalías del hijo en gestación, lo acogen con amor son, por lo general, verdaderos héroes.

Habrá quien piense que hay egoísmo en esa actitud, porque incluso para el propio menor sería preferible abreviar su sufrida existencia. Claro que, si así fuese, todas las vidas concebidas serían, en nombre de esa suposición, también eliminables, porque nadie puede garantizar, de antemano, que una nueva vida, física y psíquicamente normal, va a estar siempre exenta de sufrimiento. En realidad, la única forma eficaz de evitar el dolor es por la eliminación de la persona porque, donde hay vida, hay siempre esa posibilidad.

Por otro lado, una persona incapacitada no es, necesariamente, desgraciada. No obstante sus penosas circunstancias, si es amada por sus padres y demás familiares, estos niños también pueden ser felices en esta vida. Pero, aunque su infelicidad fuera por el propio sufrimiento y conscientemente, nada ni nadie está legitimado para suprimir su existencia. Por eso, la muerte provocada de un ser humano inocente, aunque estuviera enfermo, es siempre un asesinato, que ofende gravemente a Dios y ataca uno de los principios más sagrados de la convivencia social.

Mi amigo Pablo y su mujer sufrieron una terrible sacudida cuando supieron, por la ecografía, que su última hija padecía el síndrome de Dawn. El nacimiento de Gracinha fue, con todo, un momento de felicidad, aunque enturbiado por la aprensión causada por la deficiencia. Más tarde, cuando comenzó a manifestarse su personalidad, puso de manifiesto una extrema afectividad e, incluso, su alegría.

Los padres se dieron cuenta entonces que aquella hija no era una maldición de Dios, ni un castigo, sino un don y una bendición: si Dios les había dado aquel ser particularmente deficiente, era porque depositaba en ellos una enorme confianza. Cuando unos padres se ausentan durante una temporada y, por eso, tienen que distribuir  la prole entre familias amigas, confían al más necesitado al matrimonio que más aprecian. Así hace Dios también, distinguiendo a los padres a quien concede esta gracia.

Por exigencias profesionales, Pablo tuvo que vivir un tiempo en el extranjero, a donde no pudo llevar a su familia. En su pequeño apartamento tenía, luego a la entrada, una sola fotografía: la de su hija más joven. Al fin del día, al llegar a casa, no le pesaba el cansancio ni la soledad porque, al mirar aquel retrato, se sentía acompañado por aquella que era, sin exageración, la alegría de la familia. Además, cuando venía a Portugal, para estar con la mujer y los hijos, Gracinha era siempre la que más fiesta le hacía.

Los santos inocentes no murieron en vano: su muerte por Cristo fue su triunfo y, por eso, la Iglesia los festeja como protomártires del cristianismo. También ellos son navidad porque, cuando el Hijo de Dios nació para el mundo, ellos nacieron para la eternidad. ¡Quiero creer que, en el cielo, hay una gloria especial para estos hijos predilectos de Dios, pero también para sus padres, hermanos y para cuantos los acogieron con la misma ternura y amor con que María y José recibieron a Jesús! ¡Santa Navidad!

http://observador.pt/opiniao/historia-de-um-natal-diferente/




¿¡El día mundial de los pobres, es una hipocresía!?







Con el valor, ciertamente astronómico de la hipotética venta de la Piedad, millones de pobres, que viven ahora en la miseria, podrían recibir una ayuda considerable. 

No es preciso ser  muy perspicaz para adivinar el comentario que, ciertamente, muchos no católicos habrán hecho a propósito de la institución, por el Papa Francisco, del Día Mundial de los Pobres: más que crear una efeméride de este género, que poco o nada va a beneficiar a los más indigentes, mejor sería que el vaticano abriese la mano de sus fabulosos tesoros y, con el valor de la venta de esos bienes, ayudase efectivamente a los pobres. Caso contrario, el Día mundial de los Pobres, que tuvo su primera edición en pasado día 19 de noviembre, se arriesga a ser una gran hipocresía.

La alegada duplicidad de la iglesia en relación a la cuestión social, recuerda la falsa leyenda de la dama cínica que, ricamente vestida y ostentando lujosas joyas, habría respondido así a un mendigo, a la salida de un baile de caridad: -¿¡cómo se atreve el señor a pedirme limosna, cuando estuve toda la noche danzando por su causa!?

La inmensa riqueza de la iglesia católica, principalmente la del Vaticano, es un tópico referido recurrentemente por los anticlericales. En verdad, no se puede dejar de reconocer que la Basílica de San Pedro, el palacio apostólico, la Capilla Sixtina, la Biblioteca de los museos vaticanos encierran obras de arte de incalculable valor. Es cierto que esos tesoros no son directamente rentables –es probable que los ingresos por su exposición al público no sirvan para siquiera para cubrir los gastos inherentes a su conservación –pero no se puede negar que, la venta de alguna de esas obras de arte, sería suficiente para matar el hambre de mucha gente. Piénsese, por ejemplo, en la Piedad de miguel Ángel: ¿no siendo esa famosa imagen  de Nuestra Señora de la Piedad esencial a la misión de la Iglesia, porque no se promueve su venta, en subasta mundial? Los 450 millones de dólares en los que fue rematado recientemente el cuadro “Salvator Mundi”, de Leonardo da Vinci, podrían fácilmente ser superados por la ‘Piedad’. Con el valor astronómico de ese extraordinario ingreso, millones de pobres, que viven ahora en la mayor miseria, podrían ver mejoradas sus condiciones de vida.

Es verdad. Así como es verdad también que esta misma crítica se podría hacer a otras entidades, comenzando por el Estado portugués. Es significativo que, aún en tiempos de la más severa austeridad nacional, nadie haya sugerido  que el Museo nacional de Arte Antigua vendiese alguna de sus obras más valiosas- como, por ejemplo, el tríptico de Nuno Gonçalves –a pesar de saber que tal enajenación iba a permitir al Estado obtener un ingreso nada despreciable. Más aún, fue precisamente en 2015 y 2016 que, paradójicamente, se lanzó una campaña nacional para la adquisición, por 750 mil euros, de ‘la Adoración de los Magos’ de Domingos Antonio Sequeira. Afortunadamente se consiguió, por suscripción pública, rescatar esa obra y devolverla al patrimonio nacional. Curiosamente, no consta que alguien haya considerado hipócrita aquella campaña…

Tampoco se ha escuchado hasta ahora, que se sepa, ninguna voz reclamando la venta de ese cuadro, o de otro tesoro nacional cualquiera, en provecho de las víctimas de los incendios. Nadie consideró hipócritas a la presidencia de la República, o del Parlamento u otro gobierno, por el hecho de no haber dispuesto de los bienes de los museos nacionales con ese fin. Los partidos políticos y las centrales sindicales, siempre tan preocupadas con los pobres, tampoco avanzaron ninguna propuesta en ese sentido, sin que nadie los hubiese acusado de fariseísmo. Por lo visto, la hipocresía es una virtud exclusiva de los católicos y su Iglesia respectiva…

Por increíble  que parezca, lo que muchos querrían que la iglesia hiciese con sus bienes, ya sucedió en otro país. Por eso, con el liberalismo, todos los conventos masculinos fueron extinguidos, así como los femeninos, aunque éstos solo después de la muerte de la última religiosa. Algunos de los conventos expropiados y su mobiliario fueron integrados en el patrimonio nacional, pero la mayor parte de sus bienes muebles  e inmuebles fueron vendidos en subasta pública y después vorazmente dilapidados. Edificios, imágenes de arte sacra y bibliotecas de enorme valor artístico y cultural, que las órdenes religiosas tenían, durante siglos, creado y conservado, para bien de la nación, se perdieron para siempre. Henrique Leitão e Luana Giurgevich publicaron, recientemente, en una obra de referencia (‘Clavis bibliothecarum’, 2016), los catálogos e inventarios de las instituciones religiosas en Portugal, hasta 1834. Más de cuatrocientas bibliotecas desaparecieron con esa catástrofe cultural, solo comparable al terremoto de 1755 y a la tragedia que fue, para enseñanza nacional y cultura científica portuguesa, la expulsión de los jesuitas, en 1759.

¿Qué sucedió con cuadro “Salvator Mundi”, recientemente comprado en subasta, por un desconocido multimillonario? Pura y simplemente desapreció, para el público en general, que ya no lo puede contemplar: desgraciadamente, puede más el poder económico de uno solo que el legítimo interés cultural de todos. Lo mismo sucedería con la ‘Pietà’, o los demás tesoros artísticos del Vaticano, si tuviesen el m ismo destino. Esos bienes son de hecho, de la humanidad; la Iglesia católica solo los conserva y garantiza que estén a disposición de todos, sobre todo de los más pobres. Cualquier sin techo puede ahora entrar en la Basílica de San Pedro y contemplar, gratuitamente y durante el tiempo que quiera, esta magnífica escultura de Miguel Ángel, que le estaría prohibida si fuese propiedad privada, como es ahora el “Salvator Mundi”. Si esa imagen mariana fuese también eventualmente subastada, serían todos los pobres los principales perjudicados, aunque el dinero de su venta revertiese a favor de algunos de ellos.   Porque la ‘Pietà’ es de la Iglesia es de todos nosotros, también de los no creyentes y, sobre todo, de los pobres.

Cristo, siendo rico, se hizo pobre, para que todos fuésemos ricos en su pobreza (cf. 2Cor 8, 9). Su Iglesia, siendo pobre y para los pobres, como recordó el papa Francisco, se hizo rica, para que todos los pobres puedan ser ricos con su riqueza.

http://observador.pt/opiniao/o-dia-mundial-dos-pobres-uma-hipocrisia/




Quieren un cambio, pero no quieren rectificar




Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS



Los malos momentos son tan importantes como los buenos. Tal vez incluso más.

Pasan las horas. El tiempo pasa y todo lo que le está sujeto. Hay buenas y malas semanas. Minutos mejores y peores. Años de gracia y años de desgracias. Y en un solo día se puede vivir la plenitud de la vida, perder todo o llegar hasta el cielo.

Los malos momentos son tan importantes como los buenos. Tal vez incluso más. Nos hacen trabajar y luchar, poniendo a prueba las fuerzas que tenemos para resistir y los talentos para superar las adversidades. Al final, estaremos aún más fuertes y dignos.

Hay instantes en la vida en que nos sentimos en total desequilibrio, como si cayéramos en el abismo, sin amparo alguno. Es la señal clara de que el tiempo de cambiar lo que se debe cambiar está cerca de finalizar. Esta urgencia implica que busquemos incluso aquello que antes habíamos evitado, haciendo aquello que nunca antes habíamos hecho. Con miedo, pero con una enorme voluntad de vivir en paz.

Es esencial que cada uno tenga confianza en sí y en las acciones de las que es capaz. Las intenciones valen muy poco.

Nadie vine a eximirnos de nuestra vida, pero hay quien se pasa la vida a la espera de los milagros. No es fe, es falta de capacidad de comprender el sentido de la existencia.

La flecha que se lanza solo va hacia adelante después de haber sido empujada hacia atrás en el arco. ¡Así, cuando la vida parece estar por amargarnos, lo  cierto es que, resistiendo, más pronto o más tarde, conseguiremos volar más alto que las nubes más bellas!

Parece que las cosas necesitan ir mal antes de ir bien… que tenemos que lidiar con las personas equivocadas antes de conocer las acertadas. Como si fuese un precio, un aprendizaje esencial o una mezcla de las dos cosas…

Los más valientes son aquellos a quienes la miseria intenta abrazar, sin éxito. Viven en la desgracia, mas no se dejan corromper.

Los que toman la vida en sus manos, aquellos que luchan para mantenerse en pie a pesar de todo, son señores del tiempo. Viven en este mundo, pero no le pertenecen, son parte del tiempo que existe antes y después del tiempo.

Desde la eternidad antes del tiempo la vida es un don que se debe merecer. Y así será.

¿Qué hiciste con el tiempo que ya pasó?
Ilustración Carlos Ribeiro


http://rr.sapo.pt/artigo/101804/querem-mudanca-mas-nao-querem-mudar-se

sábado, 16 de diciembre de 2017

Entre la cancela y la puerta






Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS




Desde el portón de entrada en nuestra interioridad hasta la entrada en nuestra intimidad hay una distancia. Como si el ser más profundo de cada uno de nosotros estuviese escondido dentro de un bosque o solo fuese accesible a través de un laberinto.  



Podemos oír o ver algo y no querer que lo que oímos, o vemos, toque nuestro corazón.



Esta voz secreta que solo se puede escuchar en total recogimiento no está siempre accesible.



El lugar de nuestro valor y nuestra valentía, estando lejos de las murallas que nos protegen del exterior, están aún dentro de una fortaleza interior bien guardada, hasta de nosotros mismos.



Pocos son los que reconocen que son una amenaza para sí mismos. Hay muchos hombres que se creen señores de sí mismos y acaban por volverse salteadores y destructores de sus propios tesoros, porque no saben resguardar su intimidad y confunden lo cercano con lo íntimo, la simple sonrisa con el afecto puro, la palabra con la verdad.



Aceptar, sin prudencia, todo de todos es algo tan tonto como dar todo a todos, sin sensatez.



Es importante guardar las distancias que nos protegen de los ataques del exterior, distinguir lo que se puede decir de aquello que debe ser guardado para ser dicho después y, aún más importante, mantener la integridad de lo que tenemos de más auténtico: nuestro amor.



Quien no reconoce su altura y profundidad, su integridad a todos los niveles, no puede esperar que su verticalidad se mantenga por mucho tiempo. La prudencia y el cuidado para con nosotros mismos son esenciales.



Hay quien exige de los otros un respeto que no es capaz de tenerlo siquiera consigo mismo. Descuidar la cortesía con los que nos son más cercanos es un desastre, ante nosotros mismos es todavía más trágico. Acarea una confusión que nos hace perder lo que tenemos de más valioso: nuestra alma.


Hay un camino que va de la cancela de nosotros mismos hasta la puerta misma de nuestra intimidad. Es importante cuidarlo, mantenerlo limpio, iluminado y sin las amenazas propias de lo que está abandonado.



Este es el camino por donde pasan los que invitamos a vivir con nosotros, en lo más íntimo de lo que somos. Donde un fuego nos calienta sin quemarnos, nos ilumina sin cegarnos, nos señala el camino sin confusión, nos acepta como suyos y nos hace amar.



No podemos amar sin prepararnos para aceptar y acoger al otro en nosotros. Entregándole lo mejor de lo que somos. Aquello que fuimos capaces de preservar para él.




                                                       Ilustración Carlos Ribeiro





sábado, 2 de diciembre de 2017

¿Qué buscas?




Opinión de José LUÍS NUNES MARTINS



Nuestra existencia es mucho más que el tiempo entre el inicio y el fin de la vida. La profundidad es esencial. ¿Cómo se llega allí? A través de la escucha atenta de sí mismo. La mayor parte de las personas como no oye, no sabe hablar y no aprende. Y si no aprende, no sabe preguntar, tampoco responder.

Escuchar a alguien es conocerlo. Escucharnos a nosotros mismos es revelarnos la persona que más importa que conozca y ayude. Claro, la razón habrá de filtrar después lo que entró por el oído.

¿Qué buscas?
Hay diálogos superficiales que, en verdad, no son más que monólogos intercalados.

Los que están silenciosos, a veces, no están escuchando, solo están a la espera de su turno para hablar.


La verdadera escucha es una reflexión profunda. Primero salimos de nosotros mismos y nos dirigimos al otro, entonces reunimos, con todos los sentidos, impresiones, hechos y datos.


Es importante escuchar las voces originales, las que aportan opiniones distintas y aquellas que tienen silencios diferentes de los nuestros.


Hay un peligro común del  que es importante mantenerse a distancia: quedar sordo ante el barullo de  palabras y opiniones en exceso que se escuchan a nuestro lado.

¿Qué buscas?

Escúchate. Dialoga contigo mismo. Acéptate y sonríe a tu corazón.

Con confianza, revélate a ti mismo lo que, en el fondo de ti es más elevado.

No dejes que la muerte te encuentre soñando con lo mismo que soñabas en la juventud. Olvidando que el tiempo pasó y nada hiciste para hacer realidad aquello de lo que eres capaz. Lleno de disculpas para tus prejuicios y orgullo.

¿Qué quieres oír de ti mismo cuando tus días estuvieran cerca del fin?

En aquel momento, frente a la aparente inutilidad de lo que ya no somos capaces… solo queda nuestro valor como personas. Y nuestra voz interior, la de siempre, que un día nos garantizó que íbamos a ser muy felices.


                                                         (Ilustración de Carlos Ribeiro)


sábado, 25 de noviembre de 2017

¿Qué es lo mejor para mí?




Opinión de JOSÉ LUÍS NUNES MARTINS

Nuestra inteligencia nos hace creer que siempre conseguimos evaluar las posibilidades a nuestra disposición, escogiendo después aquella que consideramos mejor.


Creer que hay sentidos que nos sobrepasan es algo de elemental humildad. ¿Por qué razón tendrían que caber los misterios del mundo en nuestras cabezas?
....
Nos engañamos a nosotros mismos, a veces sin darnos cuenta. Es curioso que no aprendamos a dudar  más de nuestras opiniones respecto a todo lo que nos rodea.

¿Hacemos lo que queremos o debemos?

Muchas veces la voluntad se confunde con los apetitos (impulsos naturales y básicos para la satisfacción casi ciega de necesidades primarias) y con los deseos (pulsiones de componente emotiva y que procuran satisfacer una atracción que no proviene de la razón).

Ser libre no es ser esclavo del deseo, tampoco de los apetitos. Ser libre es saber que no hay otro destino a no ser aquel que nuestras manos determinen. Aceptar los sacrificios de la misión forma parte del heroísmo de luchar por lo mejor.

Querer es aceptar las consecuencias de lo que se quiere.
En ese sentido, el mayor enemigo de cualquiera de nosotros es la mala voluntad.

Por la voluntad vencemos las adversidades. No es la intención donde está la diferencia, sino la decisión y la determinación con que se hacen las obras. ¿La medida de la voluntad? El esfuerzo y la disposición de que se es capaz, en particular la paciencia de afrontar el tiempo en que el bien se demora, sin perder la convicción.

La voluntad está en torno a la raíz del talento. De cualquier talento. Sin voluntad, ningún talento llega a concretarse.

Hay muchas cosas que son independientes a nuestra voluntad y que escapan a nuestro entendimiento. Podemos tratar de encontrarles algún sentido, como si fuesen una voluntad mayor y, tal vez, mejor.

Tendemos a dudar más que a tener fe, a despreciar más que a admirar, a buscar más que a esperar, a pensar más en nuestra satisfacción que en amar. Pero somos libres. Siempre. Incluso delante del amor podemos volver las espaldas e irnos en buena hora.

Entreguémonos a la vida, cumpliendo lo que nos corresponde, aceptando que hay sentidos mayores y mejores que aquellos que somos capaces de concebir.
Quiera yo el mayor bien para mí, aunque no lo comprenda ni sea el más agradable.

Aprenda yo a creer, a admirar, a esperar y a amar.
                                                   Ilustração Carlos Ribeiro



sábado, 18 de noviembre de 2017

El silencio nuestro de cada día


Opinión de José Luís Nunes Martins


Nuestro espíritu debe descansar también. Es fundamental darnos paz a nosotros mismos. Sólo nosotros podemos conceder este don a nuestro corazón. Nunca nos va a llegar desde fuera.

Es esencial que sepamos encontrar y valorar los tiempos para parar, pensar y sosegarnos.

En cada hora un minuto, lleno de paz, sosiego y tranquilidad, será suficiente para que nuestra disposición y humor mejoren y, así, nos podamos disponer a los trabajos que forman parte de nuestro deber.

Que cada día haya un tiempo para cerrar los ojos, sintiendo la vida, agradeciendo las fuerzas y los talentos y saboreando las cosas buenas de la existencia, por más pequeñas que sean o nos puedan parecer.

Cada semana un día, dedicado a pasarlo con aquellos que están o debieran estar más próximos. Escuchando, admirando y cuidando. Compartiendo la alegría y las tristezas del día a día.

Cada año algunos días, hay que hacer un intervalo entre los desasosiegos, volar con el fin de ver bien la línea del camino construido y recorrido, así como para saber cuales serán las opciones en adelante. En verdad, por más que hayamos llegado al punto donde queríamos, eso, no significa que estemos caminando en el sentido correcto.

El silencio no tiene que ser un tiempo de aburrimiento o infelicidad. Muy al contrario, puede ser un punto álgido donde, apartados del tumulto cotidiano, nos podamos encontrar con nosotros mismos y dialogar. Descansar es también estar donde nadie nos vea. ¡A veces, podemos huir ante los ojos de otros, sin que ellos se den cuenta! ¡Ellos están ahí y nosotros... encima de una montaña desde donde se ve el mar!

Hay quien tiene mucho miedo de sí mismo y huye, por todos los medios, de los momentos en que teme oírse, de las ocasiones en que no puede mentir de ninguna forma, de los instantes donde la verdad es evidente.

Nuestro espíritu debe también descansar. Darnos paz a nosotros mismos es fundamental. Sólo nosotros podemos concedernos este don al corazón. Nunca nos va a llegar desde fuera.

La coherencia de vida y la armonía de la existencia se fundamentan en el bien que hacemos. En la forma como nos entregamos. E, si nos podemos entregar mejor, entonces es eso mismo lo que debemos hacer. Sin egoísmo, fingimiento, superficialidad, hipocresía, presunción, arrogancia u orgullo. El silencio y el descanso son esenciales para perfeccionarnos. El esfuerzo constante agota.

La grandeza de mi silencio está en la confianza de que, aquietando mis preguntas, podré cuchar respuestas que no son mías... y la verdad que susurran.

                                                            Ilustración Carlos Ribeiro


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

¿Quieres ser un colaborador de este sitio?

Si quieres ponerse en contacto con el escritor de este blog: diegodfgo@yahoo.es

Si quieres colaborar con un artículo, en esta página en publicar Entre aquí.